Ese momento lleno de fuerza en el que todas las heridas se cierran de una sola vez, la vista se aclara con la fuerza de todo el cielo y no se necesita nada más que esa invulnerabilidad que irradia del pecho. Muy debajo, mucho más abajo, el pasado y sus integrantes en hileras ordenadas como el paso del tiempo mismo van escribiendo tu nombre sin proponérselo. El vigor fluye como la sangre cada cabello crece un poco más una boca sola no basta para enmarcar la sonrisa de satisfacción. La arrogancia como única armadura, y la desnudez como único testigo de la inmortalidad momentánea de estar sobre la cima del mundo. No hay droga natural o sintética que lo iguale, no hay orgasmo brindado por la rutina que lo equipare, no hay espada ni bala que pueda dañarle: nada de lo que existe se compara con ese momento. Triunfo y condecoración, celebración y conexión, es algo que me encantaría explicarte porque nunca vas a poder sentirlo. ...
que se va haciendo al andar.