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Mostrando entradas de junio, 2011

[H]eridas sin cicatriz

Un designio de la distracción, una llamada de atención, algunas veces una prueba irrelevante sobre nuestra hidalguía, o una alarma biológica que intenta decir algo, básicamente, así podríamos llamar a una herida. El calor febril que todo tiñe de rojo en su lento manar; el castigo al exceso que no se supo desaprovechar; la voz de las venas y arterias con las puertas abiertas: así se sintetizaría el sangrado. Una marca que es huella de caminos pasados y errores constantes. Un souvenir del peligro enfrentado, o del trofeo a la cobardía. La última advertencia, o la primera evidencia del fin de una vida. Eso define a una cicatriz. En cada palabra hay una espada, y en cada desilusión una enseñanza. Aquel que responde, también hiere. Aquel que no aprende, sólo sangra. De cada quien depende sobreponerse y continuar la lucha...

[H]uecos exhortos

Ya no quiero verte; porque si así fuese, exigiría jamás de vos separarme. Desoigo tu voz y tus consejos. Es la más cordial forma de desvanecer la tiranía de mi pequeñez. No me complace sentir tus latidos desnudos; ese acalorado pálpito en tu pecho sólo hipnotizaría aun más mis deseos. No pienso, ni calculo, tan solo, decreto: no voy a esclavizarme a este desenfreno que siento.