El final de un nuevo comienzo sin recaderos ni más intermediarios como en la noche ilumina un faro brilla en nuestros ojos, bienhallados. Ese sitio confortable y nuestro cuyos pétalos de rosa blanca abre en el aroma de la serena tarde mantiene nuestras manos unidas. Esa cosquilla en lengua y paladar que se embriaga en sabor de frutillas siempre deseadas, jamás mordidas se oculta en la humedad de mis labios. El contacto de la piel y el calor arropados en un abrazo blanco en sábanas de seda y manos aguarda trémulo, bajo tu ropa.
que se va haciendo al andar.