Como las aguas que plácidamente mojan las costas desiertas, en cada nota vertida, meciéndose como dedos invisibles tras los oídos, vienen a la mente las memorias compartidas que al mirarnos desde tan lejos, besan en extensión las playas en la que prometimos soñarnos tan cerca. En el dulzor de las cuerdas que viajan a través de las memorias, en cada gota de piano que alivia mi semblante vagabundo, tu voz en mis recuerdos traza líneas de candor e inocencia, que como hojas otoñales en mi árbol, se han resecado. En la amplitud armoniosa de esta realidad sin compartir, en el abrigo de la vida, el fruto de tu vientre de madre y mujer, en el instante abrasador de componer una canción, poema o color, hoy la vida nos ha dado a ambos, sendas que se van, que nos alejan. Recuerda cuánto me amaste la última vez que gemiste por mí, porque grabé a fuego en mi cuerpo las noches que ardí por tí. Recuerda cuánto aprendimos a reír, como niños sin tiempo cua...