Érase una vez, un muchacho pensativo e inquieto, al que regalaron una vez un boomerang. Un boomerang que siempre al ser arrojado, volvía. A veces tarde, pero volvía. En un principio se negaba a ser arrojado, otras veces cortaba tanto el aire que a la distancia hería. En más de una ocasión un capricho o el otro impedían entre ambos todo contrato, pero muchas más veces se amontonaban en plural los recuerdos gratos. ...
que se va haciendo al andar.