A través de los senderos sensibles de toda tu espalda abriéndose en canal como las ramas vigorosas cálidas y excitantes de la primavera. Ante el rosa de mis inquietudes, gobernando pensamientos acerca de las sensaciones de la desnudez de tus piernas. Como gotas invisibles, hormigueando esa zona de tu piel en la que el deseo es también deleite de cálidos y fríos aferrando tu cuello. Sintiendo sin mirar cómo penetran sin esfuerzo la seda en tus cabellos en cuyo perfume se abrigan. Ese presentimiento de que con los ojos cerrados toda cercanía es imposible porque igual de imposible es la distancia.
que se va haciendo al andar.