Advertencia: Prosa explícita. Vienes y vas por los rincones de mi mente, dejando en cada sitio prohibido, una prenda íntima, para llegar finalmente desnuda y con la piel ansiosa a recostarte en el lecho de mis impulsos más fuertes. Tus pechos siguen el ritmo de tu movimiento, que en cada paso y vaivén, en cada pliegue y gota, a la sombra de cada susurro, en la luz de cada secreto, dibuja elegantemente cada letra de mi nombre. Veo tus pequeñas manos acariciando la tersura de tu dermis como el águila arrogante toca rasante las aguas marinas, hasta llegar a tu pequeño cofre, de tesoro carmesí... lentamente palpando con suavidad, se abre el húmedo candado. Puedo ver tus dedos hundirse en tu interior, rasgando sin penurias el velo que te convierte en una zorra anhelante de suspiros, inundada de gemidos y grititos, siento esa locura libidinosa corroyendo tus sentidos. Se ve en la tensión de tus muslos sonrosados y tibios, en la boca hinchada que...
que se va haciendo al andar.