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[H]ábitos

En el vacío de la duda, como gotas de rocío, se posan sin premura ni esmero, los recuerdos. En una mirada perdida, con la duda como centro, pequeñas imágenes se filtran pidiendo permiso. No hay ninguna intención, ni deseo, ni esperanza, sólo ruidos de lo inanimado, ampliando la distancia. Un momento, una palabra, que monólogos inspira, buscando alejar lo que ya no es, termina por acercarlo. Muchas veces en momentos así, acabo por pensar que tan necesario  es alguna veces,  sólo esforzarse en  no  hacerlo.

[H]oy, el dolor como anestesia de la mente.

  Todas las personas cometemos errores.   Sin excepciones, con buenas o malas intenciones mediante, caemos en un sitio en el cual creímos ver de manera acertada algo que a todas luces resultaba en una pifia monumental.   Muchos de nosotros, tras un mesurado período, llegamos a analizar nuestra responsabilidad en las faltas acaecidas. Las más de las veces, esto ocurre lo suficientemente tarde como para no poder enmendarlo a tiempo.   Otros, a veces (incluso nosotros mismos), buscamos la manera de que el universo nos perdone sencillamente culpándonos de la situación en general, porque quizás ese ídolo que veneramos y que pensamos que está allá arriba se acuerde de nosotros y nos prodigue con algo de buena fortuna al cargarnos con el peso total de las circunstancias erradas.   Muchas de estas veces, la actitud de aceptar nuestros errores nos lleva a la madurez; a marcar en nuestro Cuaderno de Viajes los resultados de un experimento fallido, o un cálculo erróneo...

[H]umedad equidistante

Con nubes omnipotentes, desplegando gestas heroicas en eternas danzas rituales, la tormenta sacude los cielos.   Rodeados de la naturaleza, circundados por muros, observados por los animales, vemos la lluvia caer.   En todas las manos,  a través de todo cabello, recorriendo cada centímetro de piel, la lluvia nos quita los miedos. Sea detrás de una ventana, o al cobijo de un árbol, o quizás desnudos, y abrazados sentimos la lluvia correr. Sin importar el paisaje, sin reparar en nosotros, tomando sólo gotas como medida, sabemos que estamos como siempre ha sido a la misma distancia.

[H]oy, cimientos racionales como sustitutos del bienestar

   Con la excepción de algunas personas particularmente torturadas, socialmente está bien visto que demostremos sentirnos, al menos honrando las apariencias, como individuos realizados, conformes, o llenos de bienestar.  Para las normas y protocolos diarios en el trato con terceros, es menester contar con un cúmulo de obligaciones presentes, compromisos firmes, y cuándo no, con algun sueño a realizar o empresa en mente. Esto suele brindar una suerte de alegría en los interlocutores, cuando no, algun tipo de envidia en particular, que es a su vez, en el mejor de los casos, combustible para proveerse a sí mismos una mejora o parodia de esa situación similar relatada por los primeros mencionados.  Es así que en ambas ramas, las pretendidas y las pretendientes, se edifica y da por sentado que un conjunto de elementos garantiza una pertenencia a algun estrato en particular, o a varios, dependiendo el buen tino o las buenas apariencias de cada individuo. Ello permite ...

[H]astío perenne, o el Rondeau Inalterable

El primer giro, una bebida, en muchos vasos. En el segundo giro, mucho ruido, incertidumbres, enigmas incompletos. En el tercer giro, el sinrazón agregado de sensaciones multisensoriales. En el cuarto giro, los mismos desenlaces, sin misterios ni sorpresas. Repetir. Aún no me explico cómo en este esquema, tras años de constante repetición, al punto de tener memorizado cada movimiento, todo(s) sigue(n) igual que antes... mientras que yo sigo permaneciendo tan distinto.

[H]oy, Esquemas de preocupación

En un determinado momento, las cosas parecen carecer de solidez, y lentamente aquello que nos gusta pasa a ser una anécdota sin más, y los viejos fantasmas (esos que juramos a medias jamás invocar) nos bombardean de pesar, y nos invade la desesperación de lo desconocido, el terror al signo de pregunta, el formarnos una idea que podría ser también, nuestra pesadilla. Las líneas rectas e invisibles van apoderándose de la conciencia, obligando a no pensar, trazándoles un parámetro tan inflexible como tranquilizador.