Más allá de la improbable traducción de mi nombre me sie nto un Guardián de las Horas. Hacer perder el tiempo de los demás me disgusta tanto como que me hagan perder el tiempo a mí. Puedo tolerar u omitir deslices e imprevistos, pero no voy a tolerar tardanzas crónicas por parte de nadie. Yo no tengo interés e n hacer perder el tiempo a los demás. Nadie tiene derecho a hacerme perder el tiempo. Porque peor que el tiempo robado es el tiempo perdido. Y si bien el extravío puede ser circunstancial, el robo es tan imperdonable como la falta de honestidad. O al menos eso es lo que la mente me repite a menudo. Y me gusta pensar que instintivamente es algo que es preciso hacer valer. Los días de todos tienen 24 horas. Las vidas de todos llegarán a su fin. Las Horas valen. Alguien tiene que ser su Guardián.
que se va haciendo al andar.