Llevó casi sesenta horas. Las primeras, de bocetos y adivinanzas, iban yéndose, garabato a garabato. Como hojas cortadas siguieron pasando horas tatuadas de ansiedad y vacío. Pero el tiempo pareció detenerse en el pánico de los trazos inconexos que siguieron a las horas más negras de esos instantes que parecieron años. Lloró la angustia a través de mis ojos, como llora El Lobo a través de La Luna. Sentí el deseo de abandonarlo todo... ...y el lápiz en mi mano volvió a vivir. Y la marcha de horas consiguió reanudarse. El tiempo dirá, estaciones más adelante, si esta fue otra red para capturarme donde pertenezco o si valió la pena dejar todo atrás... empezar de nuevo.
que se va haciendo al andar.