Las luces encandilan, pero se prenden y apagan. Los sonidos tienen en sí magia, pero no son imparciales en lo que perpetran. Las drogas nos dan superpoderes, pero no dejan de ser artificios ilusorios. La savia que baña mis sílabas lleva esa nota de excitación amargura que sólo el vino añejo, correctamente diseñado para perdurar alberga en tus papilas tras el tembloroso sorbo de tus sentidos. Se ha creado con una chispa de inmortalidad hallada en las viñedos y viñetas de la mitología, por una pareja de inigualables humanos engendrada, creada por la inspiración de atardeceres y razonamientos, tan fina e imperfectamente almacenada en maderas de esas que recuerdan y tienen memoria, más no siempre una acertada cronología. Forma parte de mi ser, y sin embargo no es mía. Será esa la razón por la que cada vez que abriste tu boca desnuda en el dintel de lo imposible, ardiendo en el rincón de la distancia, jamás llegaste a probarla...? Discurso de J...
que se va haciendo al andar.