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[H]onda siesta

Advertencia: Prosa explícita.

En algún lugar del mundo el sol descuelga de su cénit,
dando frescura a la parte más verde de una enorme arboleda.
Me robo ese paisaje de ensueño, en donde los colibríes son sólo azul y cyan,
para colorear los vitrales de tu habitación en Onira.

Convierto mi cuerpo en bandada de cuervos de obsidiana al cerrar los ojos,
esa obsidiana que sobrepasa el negro, tras las inclemencias de la vida.
Vuelan por ello veloces y temerarios, cruzando kilómetros en instantes,
para colarse en el dintel de todas tus puertas.

Con elegancia veterana se acercan hasta tu silueta mordida por seda,
y con sus fríos picos, sin tocarte la piel, te desvisten con sigilo.
En el fondo de sus ojos rojos, antes de volver a ser de mí una parte,
quedará eternamente grabada tu efigie adormilada de pechos blancos.

No dejo de observar cómo el cabello acaricia tu cabeza, revuelta,
y enmarca la firmeza delicada de tus hombros, cuello y clavícula.
Mis rodillas buscan posarse en donde no se perturbe tu pose serena,
para que logre abrazarte con sutileza en pos de velar por tu intimidad.

Sólo con mi mente hago de mis manos un abanico de plumas en tus curvas,
como mecidas por el viento rozan cada resquicio de sensibilidad en tu piel.
Besan tu ninfa y mujer toda, tu diosa y tu sacerdotisa, sin distinciones,
hasta que asaltan con maestría el portal húmedo de tus secretas ansias.

Lo hacen tranquilamente, son plumas depositadas sobre bálsamo egipcio,
penetrando dulcemente cada rincón, son dedos inquietos de satisfacción.
Buscan igualar el grosor de mi voluntad entreabriendo tus piernas,
buscan hallar el tesoro de tus cuerdas vocales, en el fondo de tu pasión.

Sólo en mi mente te despierto bañando con saliva de amante tus areolas,
lamiendo, degustando, sorbiéndote con las ansias de un primogénito.
Busco la perturbación en tu cara asaltada por el sexo de mis pensamientos,
más sólo hallo tus pupilas, dilatadas por la ensoñación de la correspondencia.

Es así como no puedo evitar abrazarte en ese instante compartido,
en el que nuestros cuerpos se celebran sin limitantes ni caprichos.
En la prisión y candor de tus muslos confundo realidad y no-ficción.
(me he dormido yo? estás despertando vos? Estamos soñando a medias?)

Estoy haciéndote el amor, con la más vírgen de las tardes como testigo,
en esa habitación de Onira, el hotel que tenés reservado en Sueños.
Siento la protección y la súplica de tus labios menores con cada entrada
de mi amor convertido en palpitante y pétrea dureza.

Estoy reflejándome en el espejo terso de tu piel, sin llegar del todo a creerlo,
mientras tu alma derrama en mi interior el orgasmo de nuestros anhelos.
Me regocijo en la adicción a la que me somete oír tus agudísimos gemidos,
mientras tus brazos visten a mi cuerpo como último refugio del mundo.

Me inflama el pecho el amor, y los jadeos de tu extenuación,
cuando tendidos en lo que pareció una eternidad de juventudes,
volvemos a abrazarnos fuerte y a despedirnos con un beso,
antes de seguir esta siesta, reencontrándonos en sueños.

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